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En Villalaz de Campos viven sesenta y ocho personas. Hacen falta setenta para conservar el médico.
El primer lunes de junio llega al bibliobús una carta con sello alemán a nombre de Aurelio Vidal Carretero, que se fue a Alemania en 1969 y al que el pueblo dio por muerto hace medio siglo. En febrero lo borraron del padrón con otros seis.
No pide dinero. No reclama la casa de su madre. Pide una sola cosa: que alguien le diga si en su pueblo consta vivo o consta muerto.
Amelia Cuevas, maestra jubilada de setenta y cinco años, es la mujer que el año pasado denunció a su propio pueblo. Ahora tiene que defender un empadronamiento perfectamente legal que tiene exactamente la misma forma que el delito que ella destapó, y hacerlo delante de unos vecinos que todavía no se lo han perdonado.
Lo que encuentra tirando de ese hilo son cincuenta y cinco años de silencio: una lápida con el nombre de ese hombre, dos renglones vacíos donde deberían ir las fechas, y debajo un cuerpo que no es el suyo.
Segunda entrega de Las señoras de los lunes. Se puede leer sin haber leído la primera.
Una novela sobre los que se fueron, sobre los nombres que dejaron atrás y sobre lo que hace un pueblo con la gente a la que ya ha enterrado.
1 · Fe de vida. En un pueblo de ochenta y cuatro habitantes, cuatro mujeres del club de lectura descubren que siete de sus vecinos llevan años muertos en el cementerio y vivos en el padrón.
Szia! Libroamiko vagyok, a könyvtanácsadód.
Miben segíthetek?